viernes, 8 de septiembre de 2017

Entrevista con un Papiro...

Hago el propósito una y otra vez, una y otra vez... y otra vez, de no dejar de escribir en el blog, de no abandonarlo así, pero la pereza se instala en mi, como los kilos, intento sacudírmelos, pero nada oiga, que se quedan ahí desafiando el esfuerzo y mirándome con cara de extrañeza...

Ya he llegado al medio siglo, ese es, creo el acontecimiento más importante, porque el resto, es más de lo mismo, ninguna novedad, afortunadamente, ni para bien, ni para mal... si... sigo utilizando los puntos suspensivos más de lo que debiera, pero creo que no hago mal a nadie, y me encanta la pausa con suspiro que provocan.

Mis colecciones obsesivas han seguido creciendo, me mantienen alerta para obtener a veces con mucho esfuerzo un tesoro que exhibirme a mi misma, y a veces poder compartir con alguien que lo aprecie sin criticarlo para si o abiertamente.

Hoy los huesecillos de mi oído derecho están tocando las maracas, hacia tiempo que no tenia esa sensación, la última vez creo que tenia fiebre, hoy no... será que va a llover jajaja





Este grupo, Second Image, muy de mi época juvenil, era como su nombre indica un doble, de quien?? creo que es fácil de adivinar. A mi me encantaba, tanto el original, como el doble... ambos con mucho talento... y con éxitos propios. Estos duraron mucho menos, puesto que los otros siguen aún... Recuerdo escucharlo una y otra vez, una y otra vez... y otra vez...

miércoles, 1 de febrero de 2017

Damien, Regan, Chuki, Jason, Annabelle, ...

Todos ellos, provocan una extraña desazón, imaginarlos hace que algo se te revuelva, un poco o un mucho. 
Fíjate que yo, adoro las películas de miedo. Tuve una temporada que me dormía viéndolas, las necesitaba para subsistir. 
Ahora ya, en la vida real, se presentan personajes de carne y hueso que te recuerdan a esos de la ficción, e incluso llegan a superarlos.


El año ha empezado regalándonos la cercanía de un ser así, y vivo en un sobresalto continuo. Creo que tendré que recurrir a algún remedio, casero o no, ... 

lunes, 23 de enero de 2017

Debo decir que...

Esto de la maternidad es con creces mucho más ameno, por decirlo con palabras dulces, de lo que nunca hubiera imaginado.
Sobran todos esas palabras y calificaciones moñas que ya conocemos todos, porque aburren, y para que engañarnos, no son originales ni hacen gracia, ni nah.
Yo tengo una hija, el monotiti, mono para abreviar, que no es una princesa, ni una dulce niña que halaga a sus papas a menudo. Solo de vez en cuando suelta un "te quiero más que a tu vida" o similar, o incluso, un "yo a ti más" cuando se lo dices tu a ella, pero poquito más así ... lo que si te dice son cosas como "tienes papaya" (osea papada), esa ropa que llevas es horrible, o que feo estás con ese corte de pelo... que se yo, cositas así, que te pillan de sorpresa un día cualquiera, y gracia lo que se dice gracia... pues no hacen eh?
Luego está el juego ese de ... te saco los jugos gástricos por las uñas y cuando ya no aguantas más voy y se los saco a la "figura paterna" hasta que tampoco aguanta más, y se convierte en un circulo vicioso de a ver donde acaba la pelota de ping-pong, en este caso el mono... y si, para que lo voy a negar LA QUIERO MÁS QUE A MI VIDA... 


domingo, 22 de enero de 2017

Que paso con 2016? Se lo comió el gato?

La verdad, es que no tengo palabras ni sé donde buscarlas, porque hoy se me ha ocurrido entrar a mi abandonadillo blog, para ver si había alguna novedad entre la gente que sigo y curiosear un poco sus publicaciones, y cual ha sido mi sorpresa al entrar y ver que tengo chiquicientas mil advertencias sobre todas las cosas futuras, pasadas y presentes que pueda publicar en mi blog. Todavía estaba asimilándolo cuando se me ha ocurrido mirar la fecha de mi última publicación... Diciembre... de 2015!!! ... ehhhhhhhhh??



Y de repente he pensado que le pasó a 2016?... Pues se ha debido de ir por ahí, sin pausa, porque prisa se ha dado un buen rato...
En fin, que no prometo nada, porque está muy feo decir cosas que no tienes la certeza de poder cumplir, o sea decir una trola, un pegote, una mentira... pero, trataré de que 2017 no se pase en blanco, por lo menos, que este post sirva de avanzadilla.... al ataquerrrrrr

lunes, 7 de diciembre de 2015

Otra vez estamos aqui...

Siete meses sin escribir, es un bebé prematuro... pero no... no hay bebé, ....

Últimamente no estoy muy "lucida" ni tengo ganas de escribir, salvo lo imprescindible, así que ante la falta de emoción, el silencio es lo mejor...

De mayo a estas fechas, los acontecimientos son pocos, pero contundentes, el más importante con mucho, es la pérdida de mi padre. Es duro escribirlo, decirlo, pensarlo.... cualquier cosa que me recuerda a él, simplemente me puede. De repente recuerdo cosas absurdas, que no vienen al caso, en las que él está relacionado directamente...

Recuerdo perfectamente el único truco que nos repetía, cuando eramos pequeños a mis hermanos y a mi. Consistía en masticar un garbanzo. Eso ya nos volvía locos. Masticar un garbanzo seco y duro. Como es posible que hiciera eso sin romperse una muela? Pues lo hacia. Una vez machacado, volvía a mostrarlo entero, como si nada hubiera pasado... Hoy, no le veo mucho misterio, aunque recuerdo que nos enseñaba la boca desierta, si bien repleta de todas las piezas dentales, que conservó hasta muy adentrado en la enfermedad... 

Recuerdo las veces que me llevó a su trabajo, siendo yo niña. Ese lugar, estaba situado en el mismo barrio donde llevo trabajando tantos años. En la misma calle. Que curioso. Es un edificio antiguo, muy cercano al parque del Retiro. El suelo crujía al pisarlo. Las salas llenas de máquinas de escribir se sucedían. La telefonista encerrada dentro de su cuartito, enchufando las clavijas a toda velocidad que permitían hablar entre departamentos o comunicaban llamadas desde el exterior. La mesa que ocupó mi padre, justo en la entrada. Al fondo del pasillo estaba el departamento de contabilidad y justo en frente los aseos. Aquellos inmensos aseos, de baldosines blancos rotos, con lavabos blancos, tan antiguos. De la pared, surgía un hierro que curvado hacia el suelo sostenía una pastilla de jabón blanquisima, que yo adoraba.

Recuerdo el taller. Aquel "puzzle" de cosas encajadas perfectamente para que ocupasen poco sitio. Televisiones más grandes de fondo que de cualquier otra medida. Infinidad de aparatitos de radio reparadas, minipimers, casettes, tocadiscos, planchas y más planchas.... expositores con recambios y gomas para ollas, para pilas, con bombillas.... y en la trastienda, el taller propiamente dicho, donde había un verdadero arsenal de herramienta, y un minúsculisimo aseo. Todo aquello metido en aquel lugar mínimo, donde yo quería ir para hacer de "tendera". Mi padre olía a aquel lugar. A spray limpia circuitos, a la grasilla de las correas y poleas que empercudía sus dedos, y que siempre lograba borrar... y a tabaco. El olor a tabaco le acompañó siempre. Fiel a sus Winston, vió como uno tras otro de sus hijos le seguimos en el vicio. Cuantas veces le quitábamos los cigarrillos sin su permiso. Cuantas veces nos los quitó él mucho después... cuantas...

Recuerdo los viajes a su pueblo. La parada obligada a comer el bocadillo de jamón en Adanero. Aún puedo saborear aquél pan y la coca cola que lo acompañaba. Lo primero al llegar al pueblo era ir a ver a los familiares de mi madre, a la panadería. Mi padre disfrutó allí muchísimo. Le encantaba el horno. Era feliz comiendo moritos y pan recién sacado. Pero yo recuerdo con él mucho más los viajes de ida y vuelta... que la propia estancia allí. Trató que fueran amenos, y lo consiguió. 



No le diré adiós nunca, porque nunca se irá, verdad papa?


viernes, 22 de mayo de 2015

Tratado 1º sobre el chicle

Recuerdo con toda claridad el día que mi hermano César, me dio un chicle, mi primer chicle. Era por la mañana, sábado, el día mejor de la semana, o así lo recuerdo yo, pero porque lo era os lo contaré en otro post.
Esa mañana, mamá trajo un paquete de Cheiw de color blanco, o sea de menta. El paquete era grande, y dentro tenía 5 piezas. Adoraba ese olor, a limpio... a fresco... y siempre que veía a César masticándolo, con sus perfectos dientes blancos, yo, pensaba para mis adentros, quiero eso....
Probablemente tendría los años que tiene ahora monotiti, o algo menos, debí ser tan pesada, tanto, que accedió a darme uno. Me dijo, no se traga, eh?, mastícalo, y cuando no te guste como sabe, o te canses, me lo dices y lo tiramos, pero no se traga... Y así, por primera vez, empezó un romance que dura aún... y no me lo tragué.
 
 
 
Para poder hacer este tratado, además de todo lo que voy a contar de mi cosecha, tengo que añadir la parte "técnica", es decir, busco en Wiki y aquí está la definición:
 
La goma de mascar, comúnmente conocida como chicle, es una goma masticable con sabor dulce. Si bien la mayoría de las actuales utilizan una base de plástico neutro, también conocido como el acetato de polivinilo, o también la goma de xantano, hasta hace relativamente poco tiempo se utilizaba sin embargo la savia de un árbol tropical: el chiclero, al cual debe su nombre más popular.
El nombre popular de chicle (originalmente de la palabra náhuatl tzictli) que es un polímero gomoso que se obtiene de la savia del Manilkara zapota, un árbol de la familia de las sapotaceae (antes denominado como Sapota zapotilla o Achras zapota) originario de México, América Central y América del Sur tropical. Debido a su sabor dulce y aromático, numerosos pueblos amerindios lo utilizaban para masticar.
 
En "Lo que el viento se llevó", Rett le dice a Scarlatta "Ten, toma mi pañuelo. Jamás en ninguna crisis de tu vida he visto un pañuelo en tus manos"... en mi vida, todos los acontecimientos llevan aparejados algún chicle...
 
He tenido muchísimas anécdotas relacionadas con los chicles, probablemente necesite alguna segunda parte a este tratado para poder completarlo.
 
Un familiar, que tenia la misma querencia que yo, osea, los chicles, guardaba celosamente todos los que le ofrecían, llegó a tener una bolsa enorme llena de chicles de todas las marcas y de todos los sabores, yo miraba inquisitivamente la bolsa, y ella, la escondía. De vez en cuando, mascaba lánguidamente, como todo lo que hacía habitualmente, sin gana, aparentando ser elegante, y de repente soltaba un "uis" discreto y oportuno para que todos le preguntásemos, ¿que pasa?. Su respuesta era siempre la misma, "me he tragado el chicle". Yo le decía asombradísima "si?, se te van a pegar las tripas..." a lo que contestaba "es que me da pena tirarlo, es mio". Jamás entendí esa teoría, aún hoy, me sigue pareciendo, ridículo. (pincha aquí)
 
Cheiw, Bazoka, Cosmos, Dunkin, Niña, May, Adams, Duglas ...más tarde Boomer, Bang Bang, Boobaloo, Tico Tico, y mis adorados Kojak con chicle dentro... Todas las variantes de ellos, como los de canela, chocolate, fresa acida, clorofila, menta, fresa, peppermint, plátano, y alguno más, me encantaban... nunca jamás soporte el olor ni el sabor del chicle de sandía, es más, se me torcía la boca de solo olerlo, creo que es el único que no aguanto, aunque el "Big Red de Wrigley's" es para campeones, pica como un demonio!! barre cualquier bacteria que esté acomodada en tu boca, en tu garganta, en tu esófago, en tu tracto digestivo... es como el Listerine, pero en chicle.
 
Hay varias formas de mascar chicle, pero todas ellas, se resumen en dos:
1º.- Rumiantes.
2º.- Pisa charcos.
 
Los rumiantes, como yo, masticamos el chicle, sin abrir la boca, habitualmente dejamos que solo esté en un lado de la boca, por lo que vistos desde fuera parecemos vacas en plena regurgitación.
 
Los pisa charcos, son aquellos, que mastican el chicle como si no hubiera un mañana, que digo un mañana, un después. Su avidez al masticar, y su movimiento mandibular es tal, que instintivamente, pones las manos debajo de su quijada por si se desprende en algún momento, no se vaya a perder. Todo ello acompañado de los ruidos semejantes al que hacen las botas al pisar los charcos y que oyes con tremenda claridad porque mantienen la boca abierta incluso al pasar el amasijo de un lado a otro de la misma, es más o menos "chof chof chof chof"... seguido de un "chofchofchofchoff"... y de un "chochochochoffffchof"... Que digo yo, como podrán mantener tal cantidad de saliva con la boca abierta...
 
En la segunda mitad de los años 70, tendría yo, unos 10 años más o menos, empecé a aficionarme a leer comics, gracias a mis hermanos y primos. Había uno, que me hacía gracia, no era de mis favoritos, pero aún hoy, recuerdo algunas de sus historias, y he comprado recientemente sus reediciones, me refiero a Esther y su mundo (pincha aquí), me encantaba lo resuelta y natural que era, sus pecas, su pelo, sus dientes asomando bajo unos perfectos labios, y sobre todo, que en casi todas sus historias, masticaba un chicle de fresa... ya nos parecíamos en dos cosas, el nombre y la afición por el chicle....
 
Durante EGB consumí chicles los fines de semana, muchos, pero no llegaría a mi consumo colosal hasta que llegué a mi adorada FP. Eso fue la quimera del oro, perdón la quimera del chicle!!!
 
Llegué a duras penas a aquél colegio, sin saber muy bien para que, hasta que la conocí a ella. Nunca me gustó estudiar, ni siquiera entonces, pero lo pasé tan tan bien, y además... comí tantos chicles, que me parecía que nada podía pasarme, ingenua de mi.
 
Sonia, que así se llama mi amiga, solía llegar siempre con algún chicle a clase. Eso no era bueno, porque las profesoras aborrecían vernos rumiar (nosotras somos de la clase 1º "rumiantes"), y aunque no hacíamos ruido por ser de esa clasificación, la mandíbula batiente provocaba un movimiento continuo e inusual, que siempre, SIEMPRE, llamaba la atención de alguna profesora.
- Doyágüez!! que tiene en la boca?... tírelo... tiiiiiiiiiiiirelo!, y yo... tiraba un trozo... (y seguía rumiando...)
- Díaz!!! que está comiendo!!! chicle?? póngaselo en la nariz... en la nariz le digo... (al rato... a rumiar...)
 
Y así transcurrían nuestros días... unos descubiertas rumiando, y otros no.
Cuando estábamos en tercero, ya casi con 17 años, nos pasábamos el chicle de una a otra, si si, exactamente como pensáis, masticado y perfectamente babeado, pero con su sabor intacto... Ese misterio, me ronda últimamente, y me provoca desazón, es decir, la perdida de sabor de los chicles en mi boca, es proporcional a mis años. Por ello, ahora consumo una cantidad de chicles ingente, ya que su sabor dura... ñac ñac... 5 minutos.
 
Con Sonia tuve una anécdota que he contado ya alguna vez. Un día, salíamos del Instituto para volver a casa, y como siempre íbamos haciendo el ganso por la calle. Riendo a gritos. Yo llevaba un chicle en la boca. La calle estaba prácticamente vacía, solo íbamos las cinco que volvíamos juntas a diario. Por aquel entonces, había perfeccionado mi técnica escupiendo el chicle para encestar en las papeleras de la calle. Soplaba a la vez que salía una bolita perfecta hacia una papelera o un hueco de árbol. Nunca en la acera o el pavimento, eso jamás. El caso, es que me disponía a hacer el lanzamiento, cuando Sonia me empujó. Y la bolita se dirigía a la acera, levanté el pie, dándole una magnífica patada, con la suerte de darle a la bolita, que automáticamente fue a parar a la parte interior del cristal de la gafa del señor que tenia delante... sonó algo así como "poc". Las bellacas salieron corriendo hacia ningún sitio, como las gallinas, menos yo, que me senté en el suelo de la risa incontenible... Jamás volví a practicar el lanzamiento... jamás....                           (continuará....)
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

martes, 30 de diciembre de 2014

Plis Plas...

... que ya no hay más...
Después de cuatro largos meses sin decir ni mú, ni poner una miserable entrada, me atrevo a despedir el año... que asco de año, coño!!!
Que se vaya, que se vaya pero ya!! y que no vuelva...


Ha dejado varios huecos irreemplazables.
Ha sido duro.
Ha vuelto con más fuerza a azotarnos cuando nos estábamos levantando.
Ha dolido... mucho...
Ha sido ponzoñoso y de veras que reitero, que se vaya... que se vaya YA!


Bueno, pues nada, me he repetido y he dado más vueltas que una peonza.
Por otro lado, quiero agradecer a mi familia, y a mis adorados amigos, tanto apoyo y cariño... tanto.
Procuraré afrontar el nuevo año con más optimismo, pero, si me azota, no me callaré... volveré a renegar, a despotricar, a ser ... YO.

Ala... talañoqueviene!!! muá